Pero el costo total de los incendios forestales se extiende mucho más allá de estas tres métricas, comenzando con el dinero que se necesita para contener o suprimir los incendios —una cifra que ha crecido significativamente en las últimas tres décadas. También hay métricas menos cuantificables que pueden ser aún más costosas: interrupciones en los negocios, impuestos y turismo; residentes que tienen que afrontar altísimos gastos médicos; y aire, suelo y vías fluviales contaminados.

Los costos federales de la supresión de incendios forestales en los Estados Unidos se han disparado de un promedio anual de aproximadamente US$425 millones de 1985 a 1999 a US$1.6 mil millones de 2000 a 2019, según datos del Centro Nacional Interagencias contra Incendios (National Interagency Fire Center). Los costos estatales de supresión también han aumentado; en California, el costo anual promedio de la supresión se ha casi duplicado en la última década en comparación con la anterior, llegando a aproximadamente US$400 millones. Los datos más recientes de CALFIRE disponibles sugieren que la agencia estaba en camino a un gasto de casi US$700 millones en la supresión para el año fiscal 2019/2020. "Todo este dinero gastado en la supresión significa menos dinero para las iniciativas de prevención, lo que es clave para abordar el problema de las pérdidas por incendios forestales", dice Michele Steinberg, directora de la División Incendios Forestales de NFPA.

024
 Una gasolinera destruida por el incendio de Creek Fire ocurrido en California en septiembre.

Menos se comprenden los costos indirectos de los incendios forestales que, de acuerdo con los expertos entrevistados por el New York Times en septiembre, probablemente superen los costos directos más evidentes asociados a la pérdida de propiedades y a la supresión. Un informe publicado en 2018 por Headwaters Economics, una organización de investigación sin fines de lucro, estimó que para la temporada de incendios forestales de 2017 en California, los reclamos de seguros por pérdidas de propiedades más los costos de supresión solamente representaron alrededor de US$14 mil millones de los impactantes US$100 mil millones estimados del costo total de la temporada. Los costos indirectos asociados con la limpieza del medioambiente, la pérdida de negocios y de ingresos fiscales, y las reparaciones de propiedades e infraestructura representaron la diferencia de US$86 mil millones, según se menciona en el informe. El popular servicio de pronósticos meteorológicos AccuWeather ha predicho que los costos para la temporada de incendios forestales de 2020 podrían totalizar entre US$130 y US$150 mil millones.

costo total

Los incendios forestales dejan residuos tóxicos en el aire, el suelo y las vías fluviales, que requieren limpiezas de miles de millones de dólares en algunos casos, y también pueden tener un impacto duradero y costoso en la salud de las personas. Un estudio publicado el año pasado en GeoHealth informó que la temporada de incendios forestales de 2012 en Washington generó US$2.3 mil millones en costos de atención médica, en su mayoría relacionados con enfermedades respiratorias como el asma y la neumonía. Un estudio realizado en 2017, dirigido por la Agencia de Protección Ambiental (Environmental Protection Agency), estimó que el costo de las exposiciones a corto plazo a los incendios forestales ocurridos en los Estados Unidos entre 2008 y 2012 y que provocaron muertes prematuras o internaciones hospitalarias ascendió a US$63 mil millones; el costo de las exposiciones a largo plazo se estimó en US$450 mil millones. Los científicos temen que la temporada de incendios forestales de 2020 —que a veces ha convertido a ciudades como Portland, Oregón, en las más contaminadas del mundo— pueda dejar a miles de personas enfermas y afrontando cuantiosos gastos médicos. "A corto plazo, tenemos el potencial de eventos de tipo sala de emergencias, pero a largo plazo, tenemos el desarrollo de más enfermedades crónicas", dijo un profesor de medicina preventiva a Vox en septiembre.

Angelo Verzoni

La crisis mundial de los incendios forestales es el resultado de una compleja variedad de factores.

Según casi todas las mediciones, los incendios forestales están ocurriendo en todo el mundo con más frecuencia, en más lugares, y son de mayor magnitud y más destructivos en promedio que en ningún otro momento de nuestros registros históricos. Se formulan a veces argumentos que atribuyen el problema casi exclusivamente a uno u otro factor—políticas ineficaces o perjudiciales de la gestión de incendios forestales y tierras, desarrollo sin control en áreas propensas a incendios, aumento de las temperaturas y períodos prolongados de sequía—pero la realidad es que las condiciones insostenibles de los incendios forestales en todo el mundo han alcanzado proporciones de crisis.

Gran parte de la atención reciente se ha centrado en la histórica temporada de incendios forestales que está teniendo lugar en California, con debates que procuran explicar, o en algunos casos asignar la culpa de, el manejo del estado de los incendios forestales ocurridos en sus bosques. Si bien la escala, los daños asociados y los gastos ocasionados por los incendios de California hacen que sea imposible ignorarlos, los expertos señalan que el enfoque en los "bosques" pasa por alto las mayores preocupaciones de la crisis de los incendios forestales que afectan a toda la nación. NFPA define los incendios forestales como los que se producen en malezas, pastos y terrenos forestales, lo que significa que las colinas boscosas de Sierra Nevada de California son solamente un tipo de ecosistema impactado por los incendios forestales. La gran realidad es que los incendios forestales son un fenómeno natural que afecta a todos los rincones del país, desde las extensiones de gramíneas de Florida, hasta los yermos de pinos de Nueva Jersey, hasta los pastizales de Texas. De acuerdo con un informe de NFPA de 2018, de los estimados 306,000 incendios de malezas, pastos y bosques ocurridos en los EE.UU. a los que los cuerpos de bomberos locales respondieron anualmente entre 2011 y 2015, el 77 por ciento fueron de malezas, pastos o alguna combinación de los dos. Se estima que en el 10 por ciento se vieron involucrados bosques o espesuras.

026
Países de todo el mundo están luchando contra el calentamiento de las temperaturas, incluida Australia, que ha atravesado la mayoría de sus años más calurosos de los que se tiene registro en la última década. La actividad de los incendios forestales se ha correspondido con la intensificación del calor; la temporada de incendios forestales 2019-2020 fue especialmente severa y ha sido apodada el ‘Verano Negro’. 

 

El término más preciso aquí es "manejo del fuego", que pone el énfasis en el peligro más que en un hábitat específico —y también implica una estrategia cohesiva. Pero puede ser difícil mantener la cohesión con eventos de incendios forestales que pueden abarcar grandes extensiones de terreno administradas por una serie de agencias locales, estatales y federales. Las prioridades no siempre se alinean y los recursos con frecuencia se estiran. Destinar los recursos a las iniciativas de supresión a medida que los incendios arden furiosamente, hace que queden menos recursos para la búsqueda de medidas de administración de tierras, como el raleo forestal y otros trabajos de mitigación críticos.

Estrechamente relacionado con la gestión y la mitigación está el desarrollo, especialmente en el límite de separación de la interfaz urbano/forestal, (IUF). NFPA define la IUF no como un espacio físico, sino más bien como un conjunto de condiciones que pueden representar una amenaza para el entorno construido ante un incendio. Las comunidades de todo el país han demostrado su voluntad de construir en áreas que saben que son propensas a incendios, incluso después de que catastróficos incendios han arrasado miles de viviendas y otras estructuras. Existen soluciones, entre ellas reglamentos más estrictos sobre lo que se puede construir y dónde; requisitos para construir con materiales resistentes al fuego; y estrategias para que las comunidades, los condados y los estados adquieran tierras de amortiguamiento que no puedan ser desarrolladas y que pueden ayudar a proteger a las propiedades contra incendios forestales, por mencionar solamente algunas. La cuestión es si los responsables de la formulación de políticas pueden aunar voluntades para la promulgación de tales medidas.

              RELACIONADO: Lea la Cuarta Evaluación Climática de California

           (en inglés)

 

Las temperaturas cálidas son también un factor en nuestra crisis de incendios forestales. Los datos científicos han indicado que incluso un modesto aumento de la temperatura media puede reducir drásticamente la cantidad de humedad en el entorno, especialmente durante períodos prolongados, creando las condiciones ideales para que se produzcan incendios, se propaguen rápidamente y ardan con más ferocidad. La temporada de incendios 2019-2020 en Australia fue un precursor alarmante de la temporada en los Estados Unidos; temperaturas récord y períodos de sequía en algunas áreas afectadas contribuyeron a que se produjeran vastos incendios forestales que quemaron hasta 46 millones de acres, según algunas estimaciones —más de cinco veces la probabilidad de acres quemados este año en los Estados Unidos. En California, el agosto más caluroso registrado se correspondió con la mayor cantidad de acres quemados según los registros: más de 4 millones, o casi la mitad de los acres quemados por incendios forestales en todo el país.

Mientras abundan los debates acerca de por qué hay una crisis, más y más comunidades se queman. Si las regiones propensas a incendios quieren detener esta marea, son necesarios nuevos enfoques para los incendios forestales. La situación actual clama por ir más allá de la discusión de las causas y la implementación de medidas para reducir las pérdidas.acres quemadas

Los incendios forestales son una crisis mundial que demanda la cooperación internacional.

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, los incendios forestales han sido un problema local con consecuencias principalmente locales. Pero en la última década, ha surgido una nueva realidad: los incendios forestales no solamente están desplazando a las comunidades locales, sino que están afectando la vida en todo nuestro planeta.

"En esta nueva era en la que estamos—esta era de mega-incendios y temporadas de incendios cada vez más prolongadas, esta era de cambio climático—ninguno de nosotros puede tener éxito solo", dijo el entonces Jefe del Servicio Forestal de los Estados Unidos (US Forest Service), Tom Tidwell, en un discurso en el Congreso Mundial de Incendios Forestales de 2009 celebrado en Argentina. "En el siglo venidero, el éxito en el manejo de los incendios forestales dependerá de la creación de asociaciones a escala mundial".

International resize
 Observando el avance de un incendio forestal en Grecia.

 

Esa idea es aún más cierta hoy en día. Sólo en los últimos años, los incendios históricamente severos han asediado países de todo el mundo, entre los que se incluyen Estados Unidos, Canadá, Australia, Grecia, España, Portugal, Chile, Rusia y Brasil—incluso regiones como Groenlandia y el norte de Europa, donde los incendios forestales han sido tradicionalmente amansados. Muchos de estos acontecimientos han requerido la cooperación internacional para el combate de las llamas, ofrecer asistencia a los ciudadanos afectados y proporcionar recursos y conocimientos para la recuperación.

Durante los históricos incendios forestales ocurridos en Australia en 2020, en los que se quemaron 47 millones de acres, los bomberos de Estados Unidos, Nueva Zelandia, Canadá y Singapur prestaron su colaboración; el pequeño país insular del Pacífico, Vanuatu, prometió unos US$250,000 para asistencia a las víctimas, e incluso Papúa Nueva Guinea declaró que tenía 1,000 soldados y bomberos listos para su despliegue. Personas de todo el mundo enviaron donaciones, y muchas mantas tejidas y bolsas protectoras para ayudar a los miles de millones de animales que se calcula que perdieron sus casas. Los investigadores internacionales comprometieron su experiencia para ayudar a reducir el desastre ecológico que se está produciendo de cualquier manera en que pudieran.

A medida que el mundo sigue tornándose cada vez más cálido y más seco, la mayoría de los expertos creen que los incendios forestales se intensificarán aún más en áreas como Australia, California y el Mediterráneo. Una reciente investigación patrocinada por el Estado sobre los recientes incendios en Australia concluyó que "está claro que deberíamos esperar que temporadas de incendios como la de 2019-20, o potencialmente peores, vuelvan a ocurrir". Debido a la aceleración del cambio climático, científicos de Europa y América del Norte han arribado a conclusiones igualmente calamitosas. Los recientes incendios sin precedentes que ocurrieron sobre el Círculo Ártico podrían exacerbar aún más las preocupaciones; los incendios forestales han quemado vastas franjas de suelos de turba ricos en carbono generalmente congelados, liberando un récord de 244 megatones de carbono a la atmósfera —más de lo que se libera en España por la quema de combustibles fósiles en todo un año, según el Servicio de Monitoreo de la Atmósfera Copernicus (Copernicus Atmosphere Monitoring Service o CAMS), un organismo de la Unión Europea.

A medida que la crisis de los incendios forestales crece, también lo han hecho las iniciativas internacionales para combatirla. Proyectos en curso incluyen investigaciones para comprender mejor los incendios forestales y para capacitar a una nueva generación de expertos mundiales; las iniciativas de las Naciones Unidas para el desarrollo de estrategias para aumentar la cooperación entre las naciones y mejorar las prácticas del manejo de incendios; y las subvenciones internacionales, tal como el compromiso de US$22 millones asumido el año pasado por los países del G7 para el combate de incendios en la selva tropical del Amazonas.

Si estos y otros esfuerzos similares son suficientes para abordar la crisis depende de nuestra voluntad de reconocer la amenaza y actuar con urgencia.Jesse Roman

Son esenciales políticas más estrictas de uso y desarrollo de la tierra.

El incendio de Hanly de 1964 y el incendio Tubbs Fire de 2017 ardieron casi exactamente a 53 años y a 10 millas de distancia en la pequeña ciudad vinícola de Calistoga, California. Los incendios crecieron rápidamente e hicieron un recorrido notablemente similar sobre las colinas resecas en su marcha hacia el sudoeste, hacia Santa Rosa.

Sin embargo, la manera en que se recuerdan estos incendios no podría ser más diferente. En 1964, en el incendio Hanly Fire se quemaron 84 viviendas y 24 cabañas de verano, lo que instó al periódico The Press Democrat a declarar en su portada del 22 de septiembre de 1964: "Milagro de Santa Rosa: No hay muertes, pocos daños". El incendio Tubbs, por el contrario, fue catastrófico, provocó la destrucción de casi 5,600 estructuras y 22 muertes. En ese momento, fue el incendio forestal más destructivo en la historia del país.

022
Imágenes de Santa Rosa, California, tras el devastador incendio Tubbs Fire ocurrido en 2017, a la izquierda, y un vecindario destruido en proceso de reconstrucción. Sin embargo, y a pesar de su reciente experiencia con un incendio catastrófico, la ciudad ha sido criticada por ignorar muchas de las recomendaciones del estado sobre prácticas de edificación más seguras en áreas propensas a incendios.

 

Las diferencias son claras. Donde el incendio Hanly se encontró con una región agraria escasamente poblada, el incendio Tubbs se encontró con prósperos suburbios de cientos de miles de personas, muchas viviendo en vecindarios densamente poblados. Todo lo que requirió fue una brasa para encender una vivienda, y el fuego impulsado por el viento pudo rápidamente propagarse hacia muchas más.

La transformación del norte de California de una región salvaje y adaptada al fuego a una de extensos suburbios susceptibles a incendios forestales es una historia familiar en todo Estados Unidos. Solamente en la década de los noventa, "algunos distritos censales del oeste y del sur triplicaron su población en una década", dijo Michele Steinberg, directora de la División Incendios Forestales de NFPA. "La construcción tuvo que mantener el ritmo. Y donde hay inversión en desarrollo, hay un fuerte impulso y deseo de supresión de incendios."

No solamente el mayor desarrollo proporciona mayor oportunidad para que el fuego destruya, sino que obliga a los gobiernos a protegerlo extinguiendo todos los incendios. Ese es un gran problema en regiones como el oeste de los Estados Unidos, que necesita arder para mantener un ecosistema saludable. En lugar de arder naturalmente, sotobosques y otros combustibles se acumulan durante décadas, lo que finalmente conduce a incendios que crecen demasiado rápido y arden con demasiada ferocidad como para ser contenidos.

Si bien no hay soluciones fáciles, los expertos dicen que la mejora de las políticas de uso de la tierra, junto con un desarrollo más inteligente, contribuiría en gran medida a minimizar la futura devastación del entorno construido. Esas medidas incluyen la limitación o, incluso, la eliminación del desarrollo en áreas de elevado riesgo de incendios forestales y la exigencia de materiales y diseños resistentes al fuego donde el desarrollo esté admitido. Pero en demasiados lugares, eso simplemente no está sucediendo. "En California, todos los impedimentos [para un IUFuso más inteligente de la tierra] se reducen al dinero y a prioridades que compiten entre sí… realmente se reduce a lo que los gobiernos locales, económicamente hablando, están incentivados a hacer", dijo Edith Hannigan, responsable de la administración estatal de políticas de planificación del uso de la tierra de la Junta de Silvicultura y Protección contra Incendios de California (California Board of Forestry and Fire Protection), en una entrevista con NFPA Journal. El problema es evidente incluso en Santa Rosa, donde los funcionarios municipales han sido criticados por ignorar, en su mayoría, las normas de edificación inteligente contra incendios forestales sugeridas por el estado con el fin de reemplazar las miles de estructuras quemadas lo más rápidamente posible.

Cuanto más tiempo pase sin una adopción generalizada de políticas más estrictas de uso y desarrollo de tierras, más difícil será llegar a controlar el problema. Para 2050, otros 12 millones de acres de tierras silvestres y agrícolas en California se convertirán en tierras exurbanas —definidas como asentamientos de viviendas fuera de los suburbios— según un estudio de 2014 publicado en la revista Land Use Policy. Durante ese tiempo, informaba el estudio, se calcula que se construirán un millón de nuevas viviendas en áreas de California designadas como de riesgo muy elevado de incendios forestales.

El ritmo de crecimiento es similar en el oeste y el sur de los Estados Unidos. Según la Oficina del Censo de los Estados Unidos (US Census Bureau), las comunidades occidentales con poblaciones de menos de 5,000 personas —áreas generalmente propensas a incendios forestales— registraron un promedio de crecimiento de la población del 13 por ciento durante la última década, el más alto para las ciudades pequeñas de cualquier región. Por el contrario, el noreste vio como la población de las pequeñas ciudades disminuyó en un 3 por ciento durante el mismo período.

Jesse Roman

Es momento de repensar radicalmente la manera en que manejamos los incendios forestales.

En una reciente entrevista con el Washington Post, se le preguntó a Char Miller, profesor de análisis ambiental en Pomona College de California, que ha escrito innumerables artículos sobre incendios forestales en los Estados Unidos, quién es el responsable del manejo de los incendios forestales del país. "Todo el mundo lo es", respondió.

Sin una sola entidad a cargo, cualquiera de las diversas agencias puede tomar el control de un incendio, dependiendo de a quién pertenezca la tierra. "Y eso cambia, de incendio a incendio —es un sistema muy complicado", dijo Miller. Las partes interesadas van desde las comunidades y condados hasta los estados, el Servicio Forestal de los Estados Unidos (US Forest Service) y la Oficina Federal de Administración de Tierras (Federal Bureau of Land Management)—y, por supuesto, los propietarios privados. Las perspectivas pueden variar, las prioridades no siempre se alinean y los recursos son un tema constante. "Pueden observarse los dilemas y las dimensiones de este problema, que no es sencillo solucionar y que no es fácil de entender totalmente", dijo Miller. "Complica el manejo de los incendios por un lado y, cuando los incendios se han ido, la administración [de tierras], por el otro lado".

 

032 01
Protestas en Australia a principios de este año convocaron a miles de personas que criticaban al gobierno por su aparente ineficacia para afrontar los catastróficos incendios forestales y por su inacción para abordar la crisis del cambio climático. 

 

Si bien el Servicio Forestal ha demostrado su habilidad en la construcción de coaliciones entre estos actores, añadió Miller, "el fuego atraviesa este tipo de relaciones y expone los defectos".

Los históricos incendios forestales ocurridos en California en 2020 revelaron una gran cantidad de divisiones. Mientras el estado luchaba contra una serie de incendios forestales masivos e intensos —entre ellos se incluyen cinco de los seis incendios forestales de mayor magnitud de su historia—la Administración Trump culpó de las dimensiones y la severidad de las llamas a las prácticas de "gestión forestal" de California. Los funcionarios estatales, incluido el Gobernador Gavin Newsom, replicaron que el problema era más complejo que eso y que estaba siendo impulsado por fuerzas que incluían el cambio climático. Los expertos, por su parte, señalaron que gran parte de las tierras afectadas por los mayores incendios del estado estaba, en realidad, bajo la administración federal.

Malcolm North, ecologista forestal de la Universidad de California, Davis, ha instado a que se adopte un enfoque más integral para definir el problema. "Un bando está diciendo que todo está impulsado por el cambio climático, y el otro está diciendo que todo es gestión forestal", dijo North al New York Times. "La realidad es que son ambas cosas. Me siento algo frustrado por este tipo de enfoque de todo o nada".

Independientemente de cómo se enmarque el debate, algún tipo de nueva y radical reevaluación a gran escala de nuestra respuesta a los incendios forestales es críticamente necesaria, ya que el consenso entre muchos expertos es que nuestro enfoque actual no está funcionando y no ha funcionado durante el último siglo. Esto puede significar un alineamiento más racionalizado de las agencias para la administración de tierras, la supresión de incendios y los servicios de emergencia. Casi con toda certeza significa un gran y deliberado paso alejado de nuestro continuo enfoque en la supresión de incendios en nombre de la protección de propiedades, y una feroz y rápida adopción de un nuevo tipo de manejo del fuego.

Significará también adoptar una voluntad decidida de decir no a nuevos desarrollos en áreas propensas a incendios. Un estudio de 2018 preparado para las Actas de la Academia Nacional de Ciencias estimó que cerca de una de cada tres viviendas en los EE.UU. están actualmente ubicadas en el límite de separación de la interfaz urbano/forestal, o IUF. Miller ha expresado la cifra en aproximadamente 34 millones de hogares, mientras que la firma de analítica Verisk estimó el año pasado que 4.5 millones de los hogares ubicados en la IUF enfrentaban un riesgo elevado o extremo de incendio forestal. Dos millones de esos hogares estaban situados en California.

A pesar de las catástrofes que actualmente azotan—incluida la destrucción casi total de Paradise, California, en el incendio Camp Fire en 2018—las comunidades de todo el país insisten en el desarrollo de áreas históricamente propensas a incendios forestales. "Las comisiones de zonificación y las juntas de planificación tienen que dejar de construir subdivisiones en lugares que saben desde el principio que son áreas de incendios de alta severidad", dijo Miller. "Si pudiéramos conseguir que lo hagan, tendríamos la estrategia de mitigación más eficaz, que es no involucrar a personas en el camino."

Incluso entonces, sin embargo, será necesario que cualquier nueva relación que generemos con los incendios forestales acepte que estamos jugando a ponernos al corriente; se trata menos de hacer la guerra con un enemigo implacable que de aprender a vivir con una fuerza elemental. "Sea cual sea el tipo de gestión que hagamos", dijo Miller, "sepamos que va a tener solamente un éxito parcial".

Scott Sutherland