Durante más de medio siglo, los estadounidenses han estado construyendo su camino hacia los incendios forestales. En todo el país, insistimos en ubicar las viviendas, negocios e infraestructura en áreas propensas a incendios, sin poder comprender o reconocer los riesgos. Aproximadamente 4.5 millones de viviendas en toda la nación enfrentan un alto o extremo riesgo de incendio forestal; en California únicamente, se proyecta construir un millón de nuevas viviendas en áreas con un muy alto riesgo de incendio forestal en los próximos 30 años. Mientras tanto, crecemos acostumbrados a los titulares que anuncian los más recientes "peores que nunca" o "más extensos que nunca" eventos de incendios forestales y los inimaginables daños que provocan sobre los paisajes, comunidades y personas.

No tiene que ser de esta manera. Este país cuenta con los conocimientos científicos y experiencia suficientes en devastadoras pérdidas como para ponerle un fin a este ciclo de construir e incendiar. Es momento de dejar de evitar el meollo del problema quejándonos de las pérdidas y con dedos acusadores. Es momento de dar los pasos definitivos hacia la creación de un nuevo enfoque sobre cómo convivimos con los incendios forestales.

Outthink Wildfire, una nueva iniciativa lanzada por NFPA, está haciendo justamente eso, con un único osado y asequible objetivo: ponerle un fin a la destrucción de las comunidades a causa de incendios forestales en este país en los próximos 30 años.

Como colegas en la División de Incendios Forestales de NFPA, estamos entusiasmad0s con este nuevo ambicioso esfuerzo. Entre los dos, hemos pasado más de tres décadas en la vanguardia de esta crisis en expansión de destrucción de comunidades a causa de incendios forestales, inmersos en detalles de desastres mientras trabajamos para crear nuevas y mejores soluciones para el problema. Y hemos presenciado algunos sorprendentes éxitos: vecindarios salvados porque los propietarios de viviendas tomaron medidas voluntarias para reducir el riesgo, funcionarios locales que utilizaron y aplicaron sólidas normas de uso de la tierra y construcción, cuerpos de bomberos que respondieron de forma segura y efectiva a los incendios forestales con adecuada capacitación, equipos y cooperación de la comunidad. Hemos contado estas historias y celebramos estos logros como una parte importante de nuestro trabajo con NFPA.

Pero las historias de éxito son muy poco frecuentes porque las tradicionales respuestas a los riesgos de incendios forestales no son suficientes. Resolver el problema dependiendo únicamente de la acción voluntaria y de un público informado no funcionará tampoco. Como así tampoco lo hará el hecho de colocar la carga de la responsabilidad sobre los socorristas. No podemos simplemente hacer lo que hemos hecho siempre para abordar el problema; lo que se necesita son nuevos enfoques, nuevas tácticas, y nuevas resoluciones para utilizar lo que hemos aprendido sobre los riesgos de la interfaz urbano-forestal durante los últimos 50 años para crear un nuevo plan de acción para abordar la crisis en incendios forestales de la nación.

Es allí donde aparece Outthink Wildfire. El esfuerzo, que se lanza en febrero, se basa en cinco pasos que deben ocurrir en todos los niveles de gobierno que facilitarán a las comunidades fomentar la colaboración, promulgar un cambio, lograr resiliencia y protegerse de incendios forestales. Esos pasos incluyen:

  • Ayudar al público a comprender su rol en la reducción del riesgo de incendios forestales y brindarle las herramientas para tomar una significativa acción.
  • Exigir que todas las viviendas y negocios en la interfaz urbano-forestal sean resistentes a la ignición por brasas y llamas de incendios forestales.
  • Garantizar que los cuerpos de bomberos que sirven a las comunidades de la interfaz urbano-forestal estén preparados para responder de forma segura y efectiva a los incendios forestales.
  • Trabajar con todos los niveles de gobierno para aumentar los recursos para el manejo del combustible vegetal en tierras públicas.
  • Garantizar que los códigos y normas actuales, así como las sólidas prácticas sobre uso de la tierra, se utilicen y apliquen para nuevas urbanizaciones y reconstrucciones en áreas propensas a incendios forestales.

Lograr todos estos resultados no significa una completa reinvención de la rueda. Los componentes fundamentales de Outthink Wildfire ya han sido demostrados en comunidades de todo el país a medida que los residentes, funcionarios locales, constructores, y cuerpos de bomberos experimentan una expansión en la urbanización, persistentes condiciones de sequías, y los efectos de políticas más antiguas (y problemáticas) sobre el uso de la tierra, todos factores que contribuyen con un mayor riesgo de incendio forestal. Con la dimensión y alcance del desafío de los incendios forestales en Estados Unidos, lograr cualquiera de los objetivos de Outthink Wildfire llevará tiempo. Pero avanzar hacia todos ellos salvará vidas y propiedades. La clave para ponerle un fin a la extensa pesadilla de la destrucción de comunidades a causa de un incendio forestal está por comenzar.

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Deben utilizarse y aplicarse códigos y normas actuales, así como sólidas prácticas sobre uso de la tierra para nuevas urbanizaciones y reconstrucciones en áreas propensas a incendios forestales.

Entre 1990 y 2010, la cantidad de acres en Estados Unidos que existe en la interfaz urbano-forestal – áreas en las que la urbanización traspasa los paisajes propensos a incendios forestales – creció en un 33 por ciento, a más de 190 millones de acres. La cantidad de viviendas construidas en estas tierras se expandió en un 41 por ciento, a al menos 43.4 millones de unidades. Para proteger mejor la vida humana y propiedades en la interfaz urbano-forestal, las comunidades deben abordar dónde y cómo construyen sus viviendas y negocios, un proceso que exigirá la utilización de una planificación integral sobre la utilización de tierras, incluyendo códigos y normas.

Las herramientas de planificación y prácticas sobre el uso de la tierra ofrecen los medios para reducir el riesgo planteado por los incendios forestales tanto para urbanizaciones existentes como futuras. Los planos abarcativos, o generales, guían el desarrollo de una comunidad, por lo general en un período de tiempo de 20 a 30 años, y contienen las metas de la comunidad, así como los objetivos de las políticas necesarias para alcanzarlas. Pero la utilización de estas herramientas y prácticas no está muy propagada. Se requiere con suma urgencia la extensiva adopción de una planificación sobre el uso de tierras a nivel local, respaldada por políticas estatales y federales, a fin de reducir el peligro planteado por los incendios forestales para miles de comunidades.

Este no es un proceso fácil, según lo demostrado por la comunidad de Payson, Arizona. El pueblo fue tapa de noticias en 1990, cuando seis bomberos perdieron sus vidas y 60 hogares quedaron destruidos en el Incendio de Dude. A pesar de la historia, los funcionarios locales han discutido durante años sobre la necesidad de adoptar básicas normas de seguridad contra incendios forestales para la nueva construcción. El debate tomó carácter de urgente después del mortal y destructivo incendio de Yarnell Hill en el 2013 en el condado vecino de Yavapai, que dio muerte a 19 bomberos de tierras vírgenes. En su secuelas, los medios locales observaron que ni Payson ni el condado donde estaba ubicado habían adoptado un código de construcción que exigiera techos no combustibles, un factor clave para la supervivencia de hogares y comunidades durante un incendio forestal. Las reuniones municipales en Payson por lo general se convertían en rencorosos debates, fomentados en parte por la resistencia a lo que algunos consideraban severas medidas que obstaculizarían la urbanización y harían bajar los valores de las propiedades. Finalmente se aprobó una ordenanza el año pasado que exige la modificación y mantenimiento del combustible vegetal alrededor de las viviendas, pero el pueblo y el condado aún deben exigir que esas nuevas viviendas se construyan de forma segura.

Los estados deben exigir la elaboración de planos que aborden una serie de cuestiones relacionadas con la seguridad contra incendios forestales. Los planos deben incluir descripciones de los peligros y riesgos en la comunidad, y deben identificar los objetivos de las políticas para reducir los riesgos con el tiempo, así como las acciones necesarias para implementar dichas políticas. Estas políticas deben incorporar códigos de construcción y zonificación, tales como los elaborados por NFPA, así como otros requisitos de urbanización. Deben brindar evaluaciones sobre el peligro que tengan en consideración la probabilidad y potencial intensidad de un incendio, así como el riesgo que considera el impacto del incendio forestal sobre los miembros de la comunidad y las propiedades – información disponible a través de una variedad de fuentes, entre ellas el Riesgo de Incendios Forestales para las Comunidades del Servicio Forestal del Ministerio de Agricultura Estadounidense (wildfirerisk.org). Estos son los tipos de recursos que resultan críticos para ayudar a los organizadores y líderes locales a priorizar las iniciativas de mitigación en sus comunidades, rastrear las actividades de reducción del riesgo, e incorporar importantes medidas de seguridad contra incendios forestales en la planificación y políticas regulatorias.

Las comunidades necesitan esta información en varios niveles, desde el regional hasta la subdivisión hasta las parcelas individuales. Estas evaluaciones pueden mostrar dónde las acciones sobre el manejo de tierras serán más efectivas para reducir el riesgo, identificar a los miembros de la comunidad que están en mayor riesgo, e ilustrar el modo en que las propiedades individuales podrían ayudar a propagar un incendio forestal. Toda esta información puede ayudar a priorizar las acciones de mitigación y desviar la urbanización de áreas con los más altos niveles de peligro. Cuanto más detallada sea la información que la comunidad ha desarrollado a través de evaluaciones de peligro y riesgo, mejor personalizadas podrán estar estas reglamentaciones. A nivel federal, también es necesario continuar con el incentivo de planificación para la mitigación de peligros e incendios forestales a través de un acceso a una financiación y priorización de actividades para el manejo de tierras.

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Se debe exigir que todas las viviendas y negocios en la interfaz urbano-forestal sean más resistentes a la ignición por brasas y llamas de incendios forestales.

Si bien influenciar en el lugar y los materiales utilizados en la nueva construcción son pasos importantes para reducir el riesgo nacional de incendios forestales, gran parte de ese riesgo existe en estructuras que ya han sido construidas. Para frenar el aluvión de pérdidas por incendios forestales, millones de viviendas y otras estructuras deben ser reacondicionadas para reducir el riesgo de ignición, una transformación que puede realizarse a través de una continua investigación y desarrollo, educación pública, incentivos financieros, y un firme apoyo por parte de todos los niveles de gobierno.

La investigación ha firmemente demostrado el rol que tienen las brasas en la ignición de estructuras en la interfaz urbano-forestal. Ha demostrado también que existe una mayor tasa de supervivencia de las viviendas construidas con materiales resistentes al fuego en propiedades que han sido mitigadas para remover las fuentes de combustible para un incendio. Se debe continuar con la investigación en varias áreas, incluyendo la elaboración de normas de prueba del producto basadas en el desempeño que mejor reflejen el modo en que se desempeñan los materiales cuando se los expone a llamas exteriores, calor radiante, y al impacto de las brasas de incendios forestales. Elaborar estas normas de referencia nos ayudará a guiar a los arquitectos, constructores y propietarios de viviendas a encontrar fácilmente productos y materiales que se desempeñarán según lo esperado durante incendios forestales. Se requiere asimismo de una investigación adicional para respaldar el desarrollo y validación de métodos de actualización, en particular aquellos que son más redituables. Los elaboradores de normas también tienen un importante rol.

Las normas de construcción existen ahora para mejorar la seguridad contra incendios forestales para la nueva construcción – incluso NFPA 1144, Norma para la reducción de peligros de ignición de estructuras por incendios de tierras vírgenes, y el Capítulo 7A del Código de Construcción de California, pero no existe una norma de consenso para la actualización de estructuras, en particular aquellas dentro de los 30 pies una de otra, y las organizaciones elaboradoras de normas deben cerrar esta brecha a la mayor brevedad posible.

Eso es porque este tipo de urbanización es lamentablemente común dentro de la interfaz urbano forestal, incluso en comunidades que han experimentado devastadoras pérdidas como resultado de un incendio forestal. En Santa Rosa, California, el vecindario de Coffey Park de la ciudad perdió más de 1,400 viviendas en el incendio de Tubbs del 2017. Pero en lugar de incorporar las normas de resistencia a la ignición del estado – unas de las más rigurosas del mundo – en sus esfuerzos por reconstruir la comunidad, Santa Rosa siguió el mapeo del riesgo original que caracterizaba al vecindario como "incombustible", permitiendo que los constructores decidan sobre sus propios diseños y materiales, y muchos ignoraron las disposiciones sobre ignición de incendios forestales. El gobierno de la ciudad fue alabado por su relativa velocidad en reconstruir Coffey Park, pero todo lo que había hecho fue recrear una comunidad vulnerable que existe dentro de la huella del desastre.

Los estados también tienen un importante rol y pueden brindarles a los propietarios de edificios y de viviendas las más recientes disposiciones sobre cómo reducir el riesgo de ignición de una estructura a causa de un incendio forestal. Los estados pueden hacer esto a través de sus propios organismos y programas, y apoyando el desarrollo de una mano de obra capacitada que pueda ayudar a los propietarios a evaluar y mitigar sus viviendas y propiedades. Los estados deben contar con reglamentaciones adecuadas que exijan a los propietarios que mantengan un espacio defendible, garantizando que las áreas inmediatamente alrededor de las viviendas y otros edificios estén libres de vegetación y de otras fuentes combustibles.

Los estados pueden depender también de iniciativas voluntarias tales como Firewise USA® y Fire Adapted Communities Learning Network, que cuenta con probados registros de transformación de viviendas y comunidades. Los residentes de casi 2,000 comunidades Firewise en toda la nación ya han tomado las medidas para hacer que sus hogares sean más resistentes a la ignición por incendios forestales, al despejar la basura de sus jardines y reemplazar los techos combustibles por materiales que sean resistentes al fuego. Mejoras más intensivas y costosas requerirán que los legisladores a nivel estatal y federal que consideren la creación de créditos o deducciones impositivas para apoyar las actividades de actualización, y para garantizar que existan subsidios y préstamos a bajo costo disponibles para ayudar en los esfuerzos de mitigación y actualización para residentes de áreas propensas a incendios que de otra manera carecerían de recursos.

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Los cuerpos de bomberos de comunidades de la interfaz urbanoforestal deben estar preparados para responder de forma segura y efectiva a un incendio forestal.

La mayoría de los cuerpos de bomberos estadounidenses es llamada para brindar alguna forma de combate de incendios forestales, pero muchos de ellos no cuentan con la capacitación ni con los equipos para combatir tales incendios de forma segura o efectiva. Las comunidades que dependen de sus cuerpos de bomberos para proteger las vidas y propiedades en eventos de incendios forestales deben identificar las fuentes de financiamiento municipal, estatal y federal para ayudarlos a capacitar y equipar de forma adecuada a sus socorristas.

Según la Cuarta Evaluación de Necesidades del Cuerpo de Bomberos Estadounidense de NFPA, el 88 por ciento de los cuerpos de bomberos estadounidenses – aproximadamente 23,000 – brinda servicios de combate de incendios de tierras vírgenes y/o de la interfaz urbano-forestal. De estos, el 63 por ciento no cuenta con una capacitación formal de todo su personal que participa en estas actividades. Los equipos de protección personal para el combate de incendios de tierras vírgenes están a disposición de todos los socorristas en solo el 32 por ciento de estos cuerpos de bomberos, y los bomberos en el 26 por ciento de estos departamentos no cuentan con ningún tipo de EPP contra incendios forestales. Estas brechas amenazan la salud y seguridad de los bomberos y aumentan el riesgo enfrentado por los propietarios de viviendas y negocios. Los cuerpos de bomberos locales reportan que los incidentes de incendios de bosques, pastizales y matorrales representan casi un cuarto de los llamados de respuesta que reciben cada año. Desde el 2011 hasta el 2015, los incendios forestales provocaron un promedio anual de 1,330 lesiones en el lugar del fuego al personal del cuerpo de bomberos local. Los cuerpos de bomberos reconocen su capacidad limitada. Por ejemplo, el 64 por ciento de los cuerpos de bomberos estadounidense dice que podría manejar la protección de estructuras hasta un máximo de dos a cinco estructuras durante un único incidente de incendio forestal; los incendios forestales ahora afectan habitualmente decenas o incluso centenas de estructuras a la vez. De manera similar, el 52 por ciento dice que podría manejar una respuesta a un incendio forestal de, como máximo, 10 acres; la dimensión promedio de un incendio forestal en Estados Unidos es de alrededor de 170 acres. Mientras tanto, muchos estadounidenses continúan creyendo que el cuerpo de bomberos tendrá siempre la capacidad de responder a cualquier incendio o emergencia y montar exitosos rescates y salvatajes. Si bien los organismos estatales y federales también realizan combates de incendio de tierras vírgenes, el alcance de estos servicios difiere significativamente del de los cuerpos de bomberos locales y por lo general no se extiende a la protección de viviendas, negocios y otras estructuras.

Un estudio de caso preparado para el Centro de Lecciones Aprendidas sobre Incendios Forestales en 2010 ilustró que la realidad del modo en que los bomberos pierden sus vidas y sufren lesiones durante incendios forestales es con frecuencia el resultado de una capacitación insuficiente, de la falta de equipos de protección, y de contar con una escasa o nula dirección. El estudio evaluó incendios forestales que se produjeron en Texas y Oklahoma en el 2005 y 2006 y que dieron muerte a cuatro bomberos y provocaron severas lesiones en siete más. En entrevistas, los bomberos que habían sufrido lesiones en dichos incendios insistieron en que no cambiarían nada sobre la operación, citando su capacitación para proteger la vida humana y las propiedades – incluso a pesar de que estaban combatiendo incendios en pastizales. Las recomendaciones del estudio enfatizan la capacitación para cuerpos de bomberos rurales, incluso enseñarles a los bomberos que ningún acre de vegetación (ni ninguna vivienda, para el caso) vale si se sufre una lesión o se arriesga la vida. Quedó en claro de los hallazgos del estudio que se había puesto un mínimo énfasis sobre dicha capacitación.

Además de priorizar los recursos para capacitar y equipar a sus propios socorristas para incendios forestales, las comunidades cuyos cuerpos de bomberos locales carecen de capacidad para comprometerse en extensos incendios deben elaborar y mantener acuerdos de ayuda mutua con comunidades vecinas para aumentar sus capacidades de respuesta. Al mismo tiempo, el público debe comprender que mientras la respuesta de los cuerpos de bomberos durante un evento de incendio forestal es crítica, será mucho menos exitosa en una comunidad no preparada. Es por ello que resulta imperativo que los miembros de la comunidad tomen acción para preparar sus propias viviendas, negocios y vecindarios en anticipación a cualquier evento de incendio forestal.

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El gobierno debe aumentar los recursos para el manejo de combustible vegetal en tierras públicas.

Durante más de un siglo, el gobierno estadounidense ha invertido fuertemente en una infraestructura y fuerza de trabajo de supresión de incendios para garantizar que la mayoría de los incendios forestales no crezca y pueda extinguirse con rapidez. Una respuesta efectiva significa que el 97 por ciento de los incendios forestales no crezca y sea controlable, pero esto también ha tenido un efecto colateral peligroso e involuntario.

La supresión interrumpe el suceso natural de los incendios forestales de más baja intensidad, permitiendo que la vegetación y los escombros que serían normalmente eliminados por incendios periódicos se acumulen. Más densos y continuados combustibles vegetales crean las condiciones para severos incendios forestales que pueden sobrepasar los esfuerzos de supresión, condiciones que la ciencia ha demostrado son empeoradas por el cambio climático. Para reducir el riesgo de incendio forestal para las comunidades; deben aumentarse los recursos para el manejo de combustible en 120 millones de acres de tierra federal – y muchos más acres privados – que se encuentran en alto o muy alto riesgo de devastadores incendios.

Cada año, alrededor de 3 millones de acres de tierra pública se somete a tratamientos combustibles que incluyen raleo mecánico y quemas programadas, una cifra muy por debajo de los 6.8 a 12 millones de acres estimados por año que los expertos consideran necesarios para restaurar y mantener estas tierras. Entre los terrenos públicos y privados, se estima que la cantidad de acres actualmente en riesgo de incendio forestal en Estados Unidos alcanzaría los mil millones.

En un informe del 2019 de la Oficina de Auditoría General de Estados Unidos, los organismos de manejo de tierras federales reconocieron que una dotación de personal insuficiente puede obstaculizar los esfuerzos de manejo de combustibles, especialmente las quemas programadas. Según un informe de la Asociación Nacional de Jubilados del Servicio Forestal, la cantidad de empleados con las capacidades necesarias para apoyar el trabajo de tratamiento y restauración se redujo en un 54 por ciento desde 1992. El grupo llegó a la conclusión de que, sin contratar más guardabosques, ingenieros, biólogos y especialistas en coordinación de proyectos, el Servicio Forestal Estadounidense no podría aumentar significativamente sus actividades de tratamiento y restauración. Realizar una revisión estratégica de la fuerza laboral y crear planes para completar los puestos de trabajo – en especial aquellos que requieren de años de capacitación – es un paso crucial hacia un aumento en la capacidad del organismo para apoyar el trabajo de tratamiento y restauración.

A pesar de estos desafíos, aún existen ejemplos de efectivo manejo de tierras en áreas con alto riesgo de incendio forestal. En la Reserva Indígena Apache de San Carlos en Arizona, se realizan quemas programadas y tratamientos mecánicos anuales en más de 1,000 acres. La Oficina de Asuntos Indígenas y la Tribu Apache de San Carlos utilizan estos métodos para eliminar pastizales de rápido crecimiento que podrían arrastrar un incendio forestal hacia la comunidad. El trabajo asimismo brinda un espacio defendible en el que los bomberos pueden trabajar de forma segura y efectiva.

En el vecino Nuevo México, los funcionarios del Bosque Nacional Santa Fe han realizado la reducción de combustibles durante aproximadamente más de 20 años, asociados con la división forestal del estado y el Departamento de Caza y Pesca. Una combinación de tratamientos mecánicos y quemas programadas que cubren 8,000 acres en Jemez Mountains ha ayudado a reducir el peligro hasta el punto que la intensidad del Incendio de Venado en el 2018 fue marcadamente reducida cuando alcanzó el área tratada. El incendio disminuyó lo suficiente como para darles tiempo a los bomberos para contenerlo antes de alcanzar las viviendas, y el incendio de menor intensidad provocó menos daños ecológicos severos.

Abordar las necesidades del tratamiento combustible de los paisajes estadounidenses no solo requiere de una inversión en fuerza laboral, sino que también un mayor compromiso de financiación, planificación y cooperación entre jurisdicciones, el perfeccionamiento de los objetivos y medidas, y la asistencia adicional para cumplir con las necesidades de restauración del paisaje y ayudar a las comunidades a prepararse y realizar las quemas programadas y otros proyectos. Los hacedores de política a nivel estatal y federal deben crear planes para asignar más financiamiento para el tratamiento de combustibles, o arriesgarse a presenciar un crecimiento del problema. El Servicio Forestal Estadounidense necesita adoptar un rol de coordinador, dirigiendo el trabajo de apoyo al personal y a la financiación a través de todos los límites jurisdiccionales. Además, los organismos de manejo de tierras deben buscar medidas basadas en el resultado que monitoreen el avance logrado en la reducción del riesgo de incendios forestales, incluyendo el riesgo para las comunidades, a través de la implementación de tratamientos combustibles y otros esfuerzos para el manejo de tierras.

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El público debe comprender su rol y tomar acción para reducir el riesgo de incendios forestales.

Casi 45 millones de viviendas existen actualmente en la interfaz urbano-forestal en Estados Unidos, y cada año se construyen más en áreas propensas a incendios en todo el país. No obstante, la mayoría de los propietarios de viviendas no están bien informados sobre el riesgo de incendio forestal y no están preparados para tomar las medidas necesarias para minimizarlos, poniendo así en riesgo sus vidas, la propiedad, y a los cuerpos de bomberos locales que responden ante emergencias de incendios forestales.

Resulta de suma importancia que la gente tome acción para proteger sus viviendas y comunidades de los incendios forestales, y que se incluya una comprensión del concepto de "zona de ignición de la vivienda". Años de investigación científica apoyan la práctica de eliminar fuentes combustibles del área inmediatamente alrededor de las viviendas, lo que reduce el riesgo de ignición de la vivienda a causa de las brasas y calor radiante durante eventos de incendios forestales. Estas incluyen simples pasos de bajo costo tales como quitar hojas secas, escombros, y agujas de pinos de techos y canaletas, mantener el paso corto, quitar la vegetación seca de la propiedad y remover elementos inflamables almacenados debajo de cubiertas y porches. Reemplazar el material combustible de los techos e instalar ventanas de doble panel reduce aún más el riesgo.

Adicionalmente, la gente que reside en áreas propensas a incendios debe comprender los pasos que podría ser necesario tomar en caso de incendio forestal, incluso una evacuación. Se debe instar a los residentes a comprender con precisión su nivel de riesgo en estas situaciones, crear planes de evacuación, y seguir las direcciones de las correspondientes autoridades. El Incendio de Chimney Tops 2 de 2016 en Tennessee dio muerte a 14 personas y lesionó a más de 200; el Instituto Nacional de Normas y Tecnología realizó una investigación sobre los factores que influyeron en las decisiones de evacuación de las personas durante el evento y descubrió que solo el 5 por ciento de los participantes de la encuesta había tenido una experiencia previa en una evacuación por incendio forestal. Si bien menos de un cuarto de los socorristas entrevistados recibió una advertencia de evacuación oficial, la mayoría de las 14,000 personas que finalmente evacuó lo hizo después de ver o ser impactada por las llamas, brasas, y humo, o cuando sus viviendas o propiedades en alquiler se incendiaron – situaciones que podrían haber originado fácilmente lesiones y muertes adicionales. Financiar una investigación en ciencias sociales sobre cómo se presentan, reciben y se reacciona a estas advertencias puede ayudar a guiar el mensaje y a priorizar estrategias programáticas para convencer a las personas a tomar acciones que salvarán sus vidas y propiedades.

En el 2017 y una vez más en el 2018, extensos incendios forestales de rápida expansión al norte de California dieron como resultado alarmantes cifras de muertes: 42 en los incendios del 2017, y 85 en el incendio Camp Fire en 2018 que destruyó la comunidad de Paradise, en el que la edad promedio de personas que perdió su vida en el incendio fue de 73 años. La mayoría de los que fallecieron en Paradise lo hicieron en sus hogares o en la inmediatez de los mismos. Estos individuos, muchos de ellos vivían solos, podrían no haber creído en las advertencias, si es que recibieron alguna, y no pudieron realizar un auto rescate. Paradise y otros eventos de incendios han demostrado que las poblaciones de mayor edad y con discapacidades son por lo general ignoradas durante la planificación de una emergencia, y que es necesario trabajar mucho más para comprender el modo en que estas personas reciben y responden a las advertencias.

Si bien la acción a nivel individual – incluso los esfuerzos voluntarios tales como el programa de NFPA Firewise USA® - es clave para construir la resiliencia y preparación de la comunidad, el liderazgo de todos los niveles de gobierno es esencial en el esfuerzo por crear un mayor público que esté más informado sobre incendios forestales y mejor preparado para un futuro con mayor actividad de incendios forestales. Para alcanzar a las 70,000 comunidades en riesgo de incendio forestal en Estados Unidos, cada estado debe aumentar sus esfuerzos por educar y asesorar a los propietarios, y debe buscar asociados para expandir su alcance y presencia dentro de las comunidades.

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La urgencia es ahora.

La extensa lista de recientes y destructivos incendios forestales es un crudo recordatorio de que las continuas pérdidas de vidas, propiedades y vitalidad económica local son inaceptables. Se sugieren soluciones con frecuencia desde todos los ámbitos, pero para resolver realmente el problema de incendios forestales se requerirá de un enfoque holístico – será la única manera en que podremos encontrar una solución para los incendios forestales.

El ambicioso llamado de NFPA para eliminar la pérdida de comunidades a causa de incendios forestales para el 2050 es similar a la progresiva respuesta a los grandes incendios urbanos en los siglos XIX y XX, un devastador problema que fue abordado y resuelto a través de un determinado enfoque holístico a largo plazo. Para abordar el desafío de los incendios forestales, ninguna parte interesada puede esperar hasta el 2048. Los residentes en riesgo viven este desafío ahora. Nuestros paisajes naturales necesitan de un adecuado manejo ahora. La resiliencia de la construcción y composición de las viviendas para poder enfrentar de la forma más efectiva los riesgos de incendio forestal necesita ser abordada ahora. Los códigos y normas diseñados para fortalecer la resiliencia local deben utilizarse y aplicarse ahora. Necesitamos garantizar que nuestros cuerpos de bomberos locales no están ni sobrecargados ni mal preparados para cumplir con el desafío de los incendios forestales ahora.

Y su compromiso debe comenzar ahora. Visite los recursos en línea de Outthink Wildfire para aprender el rol que puede tener y cómo comenzar a crear un plan para alcanzar esta meta en su comunidad. Convierta la pérdida de las comunidades debido a incendios forestales en una lección de la historia, no en una parte de nuestro futuro.

MICHELE STEINBERG es directora de la División de Incendios Forestales de NFPA. LUCIAN DEATON es gerente de programa en la División de Incendios Forestales de NFPA.