El resultado, con la asistencia de la Fundación de Investigación de Protección contra Incendios, fue "Protección contra Incendios en los Estados Unidos desde 1980, visto a través del lente del Ecosistema de Protección Contra Incendios y Seguridad Humana" ("Fire Safety in the United States Since 1980: Through the Lens of the NFPA Fire & Life Safety Ecosystem"), publicado en junio. De la serie de temas que abordamos, uno de los más preocupantes es el persistente impacto de los incendios en los adultos mayores.

En 1980, las personas de 65 años o más y los niños menores de cinco años se repartían prácticamente el mismo porcentaje de muertes en incendios de viviendas en los Estados Unidos. Pero mientras que los niños menores de cinco años representan ahora solamente una pequeña fracción de esas muertes, en personas de 65 años o más el porcentaje de víctimas fatales en incendios de viviendas casi se duplica. Una revisión más detallada de los factores que contribuyen a ello revela una compleja mezcla de cuestiones sociales y de seguridad. Una cosa está clara: a medida que la población envejece, y con el deseo que muestran las personas de permanecer en sus propios hogares a medida que envejecen, nos enfrentamos a un gran desafío—y a una significativa necesidad de investigación—si lo que esperamos es evitar un aumento de la cifra de muertes por incendio en personas mayores.

Estudios realizados en todo el mundo han constatado que las personas que viven solas, independientemente de su edad, se enfrentan a un mayor riesgo de muerte por incendio, y ese riesgo aumenta a medida que envejecemos. En los Estados Unidos, el número de personas que viven solas está creciendo, y un significativo porcentaje son personas mayores. De acuerdo con el Centro Conjunto de Estudios de Vivienda de la Universidad de Harvard (Harvard Joint Center for Housing Studies), en 2038 habrá hasta 10 millones de hogares unipersonales con alguien de 80 años o más si continúa la tendencia actual de envejecer en soledad.

Las discapacidades también aumentan con la edad y pueden afectar al autocuidado y a la capacidad de las personas de vivir de manera independiente. Los datos de la Encuesta de la Comunidad Estadounidense (American Community Survey) muestran que en los Estados Unidos, al menos la mitad de la totalidad de las personas de 75 años o más tienen una o más discapacidades. Nuestro estudio ha constatado que entre 2014 y 2018, el 17 por ciento de las víctimas fatales de incendios que tenían 80 años o más fueron incapaces de actuar en el momento del incendio. Casi un tercio tenía algún tipo de discapacidad.

El parque de viviendas de todo el país también está envejeciendo. Según datos de la Encuesta de Hogares de los Estados Unidos (American Housing Survey), la antigüedad media de las viviendas ocupadas en Estados Unidos no ha dejado de aumentar desde mediados de la década de los ochenta. Los datos de la encuesta ilustran que en 2019, una gran parte de los adultos mayores vivían en hogares construidos en la década de los setenta. La antigüedad de un edificio no es el único factor, por supuesto; más importante es si el edificio está apropiadamente mantenido. Además, es un hecho que, lamentablemente, las personas mayores que viven solas en casas antiguas pueden tener dificultades para estar al día con el mantenimiento, y esto también puede plantear riesgos para la seguridad.

Las necesidades de investigación en estas áreas son inmensas. Reconozco que estoy más cerca de ser una persona mayor que una adolescente, por lo que tengo un interés personal en afrontar este reto. He pasado mi carrera buscando maneras de hacer que nuestro entorno construido sea más seguro contra el fuego, y lo que he aprendido desde que estoy en NFPA es que la mayoría de las causas comunes de los incendios están relacionadas con las acciones—o la inacción—humanas. Esto es especialmente cierto en el caso de los incendios en nuestras viviendas, y es doblemente cierto cuando el ocupante es una persona mayor. Necesitamos urgentemente una investigación dedicada para comprender estos riesgos e identificar los medios para mitigarlos.

Este trabajo adoptará muchas formas, pero creo que todos estamos de acuerdo en que es inaceptable que envejecer vaya acompañado de un mayor riesgo de morir en un incendio.

Birgitte Messerschmidt es directora del Grupo de Investigación Aplicada en NFPA. Ilustración: Michael Hoeweler