Nadie que no considere al entretenimiento como un servicio esencial debería tener en cuenta la convicción que hay que tener para asistir a un show de música electrónica dance al aire libre cuando la temperatura es de 111 grados.

Un show MED típico tiene todas las características de los eventos en vivo que atraen a jóvenes y entusiastas audiencias, incluso la buena voluntad de los participantes de amontonarse en áreas confinadas y conversar a una distancia extremadamente cercana para poder ser escuchado en el estruendoso ritmo. Road Rave se publicitaba como algo un poco diferente: una fiesta de música electrónica dance donde la distancia social importaba. La ambientación era la misma—un gran escenario frente a un sector aún más grande sector para la audiencia—excepto que el espacio para la audiencia estaba subdividido en cuadrículas adecuadas para la práctica del distanciamiento social, y a cada uno de los espacios para visitantes podía accederse en auto. Se permitió el ingreso de entre 300 y 500 vehículos, con una capacidad máxima de ocho personas por vehículo. Cada automóvil era enviado a su área de estacionamiento reservada, la que estaba señalizada por cuerdas y vallas y líneas pintadas en el suelo. Se les entregaba a los clientes instrucciones en papel impreso de ambos lados que incluían las reglas del evento, listas de los ítems prohibidos y permitidos, un número de teléfono para emergencias médicas en sitio, instrucciones y un código QR para pedir alimentos y bebidas que podían entregarles, y los procedimientos para el egreso.

negociosriesgosos 01
Road Rave, un festival de música electrónica dance llevado a cabo a fines de mayo cerca de Phoenix, parecía ofrecer una solución viable para el entretenimiento en la era COVID. De derecha a izquierda: La escena desde el área de observación; personal del evento, entregaron a los clientes instrucciones detalladas del festival; área de observación de las cuadrículas para automóviles; y asistentes manifestando su aprecio a un intérprete.

 

Mi observación, caminando por el lugar esa noche, fue que la reglamentación necesaria para llevar a cabo el evento durante la pandemia no atenuaba el disfrute de los asistentes al festival. En general, las personas permanecían en sus respectivas áreas señalizadas, lo que daba la sensación de acercamiento y les ofrecía un buen espacio para bailar, hablar, comer o hacer lo que quisieran dentro de sus grupos. Muchos automóviles estaban decorados con letreros y varillas luminosas, y el atuendo, que incluía algunos tapabocas, era apropiado para un evento EDM. La calidad del audio y video del show era bastante buena. Parecía que los chicos se estaban divirtiendo. Una vez que superé la novedad de hablar con personas de manera presencial y no a través de un monitor de video, también me divertí. Como un entrenado observador, diría que el plan de acción del evento estuvo cuidadosamente contemplado y conscientemente implementado. No tengo conocimiento de que alguien haya contraído coronavirus por haber asistido al evento. Como prueba de concepto para ver si podría, de manera segura, convertirse en algo redituable, el fin de semana fue un suceso.

Soy un abogado cuya práctica se focaliza en la seguridad y el manejo de riesgos en eventos en vivo. Desde el confinamiento, a principios de marzo, en los Estados Unidos debido a la pandemia global del coronavirus, mi trabajo se ha transformado en la redacción de lineamientos para la salud y la seguridad en sedes de entretenimiento y deportivas, eventos corporativos de marketing, planificadores de festivales y eventos, y todas las personas que trabajan en tareas internas para hacer que la magia suceda. La creación de los lineamientos ha tenido un buen resultado, y nuestra audiencia destinataria formada por profesionales de eventos se lo toma muy en serio, lo que es muy gratificante. Como lo demostró mi experiencia en Road Rave, me alienta el ingenio de los habilidosos y creativos presentadores arrinconados por las circunstancias, y los clientes deseosos de hacer su parte para ayudar a garantizar que un evento sea lo más seguro posible.

En otros lugares, sin embargo—incluso hasta transitando por la carretera de Scottsdale—el cumplimiento de los clientes con las medidas básicas de salud y seguridad ha sido mucho más variable, y el progreso, si se le puede llamar así, continua siendo irregular, en el mejor de los casos, y desastrosamente equívoco en el peor. A medida que los bares, restaurantes y otras ocupaciones de reunión pública han comenzado su reapertura, los clientes han ignorado ampliamente las directivas de la salud pública que instan al uso de tapabocas y el distanciamiento social. En algunas de esas áreas, entre las que se incluyen Arizona, Texas y Florida, se han observado alarmantes picos de nuevas infecciones por coronavirus, con una gran parte del aumento en personas de veintitantos y treinta y tantos años de edad.

Basta decir que nuestro actual período de transición—el momento siguiente al levantamiento de la orden de quedarse en casa, pero antes de una vacuna o cura para el COVID 19—estará lleno de desafíos para los eventos en vivo y lugares de reunión pública con expectativas de reapertura. Mi propósito es hacer un rastreo de esos desafíos para determinar su procedencia—es decir, distinguir entre los problemas que no podemos solucionar (porque no es posible razonar con un virus) y las heridas que obstinadamente nos infligimos en nosotros mismos. Advierto que escribo esto entre mediados y fines de junio de 2020—mis observaciones son una toma instantánea y un análisis del momento actual, y una proyección hacia el futuro basada en lo que sabemos ahora, que puede ser muy diferente de lo que sabremos en un par de meses, o incluso en un par de días, a partir de ahora.

Para cuando lea estas palabras, podrán ser misteriosamente premonitorias o bien, encantadoramente infundadas. El tiempo lo dirá.

Los desafíos de reabrir durante una pandemia

Desde un nivel operativo, planear reabrir una ocupación de reunión pública durante una pandemia requiere de una enorme atención a los detalles, ninguno de los cuales fue parte de un análisis de la seguridad humana previo a esto. Considerar solamente algunos de los nuevos temas relacionados con el ingreso, circulación y egreso, las tres fases de cualquier evento.

En los días de tono sepia antes de marzo, el manejo de los riesgos en el punto de ingreso del público estaba mayormente centrado en la verificación de los boletos y en evitar el ingreso de armas y drogas ilegales a las instalaciones. Esto era suficientemente desafiante. Ahora, profesionales responsables requerirán algún tipo de prueba de detección o examen para reducir la probabilidad de que ingresen personas infectadas. La prueba de detección es generalmente menos rigurosa para los clientes que para los trabajadores, y ninguna es especialmente efectiva dada la gran cantidad de personas que serán asintomáticas o bien portadores pre-sintomáticos.

Curiosamente, he recibido correos electrónicos de proveedores que tratan de venderme escáneres térmicos, como también otro tipo de productos para la salud y la seguridad, entre ellos túneles desinfectantes y software para el seguimiento del cronograma de limpieza y desinfección. Los vendedores de los (costosos) escáneres parecen sorprendidos ante mi escepticismo acerca de cualquier sistema que mida la temperatura corporal externa—para detectar la infección por COVID- 19, la temperatura central es la que importa. El hecho de que el 40-45 por ciento de las personas infectadas serán asintomáticas o bien portadores pre-sintomáticos me dice que uno debería invertir en forma moderada en tecnología de control de temperatura debido a que muchos clientes infectados aprobarán incluso un riguroso protocolo de control de temperatura—el COVID- 19 es un escurridizo demonio. Respecto de las versiones digitalizadas del anticuado registro de barrido, he explicado a varios vendedores que llevar el seguimiento es la parte fácil—capacitar al personal para llevar a cabo la tarea minuciosamente es el desafío que más me preocupa. Además, soy fanático de los programas de software de gestión de eventos totalmente integrados ya existentes y que he visto poner en uso de manera excelente en grandes estadios y arenas. Cualquiera de estos programas podría documentar cronogramas de limpieza bastante bien.

Con respecto a la circulación, cualquiera puede darse cuenta que los eventos de admisión general serán los de más difícil reapertura durante la pandemia, debido a que el distanciamiento social es más complicado en espacios sin divisiones. Pero todos los lugares con asientos reservados, desde estadios y arenas hasta oficinas, cines y aviones, también tienen muchas áreas donde la gente circula libremente en espacios sin divisiones antes de ubicarse en sus asientos. Por ejemplo, los sanitarios, anteriormente sólo un tema de sanidad, ahora representan peligros logísticos espeluznantes para todos los lugares, de cualquier tamaño que sean. Enfatizando este punto, los tres primeros temas abordados en una ficha informativa de NFPA, "Cómo garantizar la seguridad en la reapertura de los edificios a una nueva normalidad" (aunque esta ficha está en inglés, NFPA tiene una variedad de información disponible en español en nfpajla.org/coronavirus), son manejo del egreso, formación de hileras de espera y flujo de ocupantes, todos los cuales deben ser administrados aún en el más dócil entorno de asientos reservados.

Al final de un evento, el egreso debe ser organizado de nuevas formas. Ya no pueden todos simplemente pararse en masa y trasladarse hacia la salida. Cuando se permita a los clientes asistir a eventos nuevamente—lo que está ocurriendo gradualmente en algunas partes del país mientras escribo esto—la mayoría tendrán que permanecer en sus asientos mientras que las personas que están más próximas a las puertas de salida egresan primero, sin importar cuán desesperada esté una persona por relevar a su niñera o aliviar su propia vejiga.

negociosriesgosos 02
¿PANDEMIA? ¿QUÉ? La reapertura de bares, restaurantes y otros espacios de reunión pública de todo el país mostró una laxa adhesión del público a las prácticas de seguridad relacionadas con el coronavirus, entre las que se incluye el distanciamiento social. De arriba a abajo: un parque de agua en Florida; refrigerios en una vereda en Arizona; una escena callejera nocturna en Texas. Los tres estados mostraron agudos repuntes en nuevas infecciones por covid. GETTY IMAGES

 

Debido a que los trabajadores no son menos susceptibles al COVID-19 que los clientes, los mismos riesgos para la salud y la seguridad también deben ser manejados cuando se hacen tareas internas. Las pruebas de detección y el uso de tapabocas son más fáciles de cumplir porque pueden estar escritas en contratos como condiciones de empleo, pero cargar equipamientos, construir escenarios, colgar luces, maquillar y preparar vestuarios son todas actividades antitéticas al distanciamiento social.

Los artistas y atletas son problemáticos en muchos aspectos. La mayoría de ellos no pueden mantener el distanciamiento social cuando se están preparando para realizar sus actividades y mucho menos cuando las están llevando a cabo. Y como las personas que tienen una respiración agitada esparcen gotículas aerosolizadas a una distancia mucho mayor que los habituales seis pies, si no se confirma que ninguno está infectado antes de que se les permita juntarse, es prácticamente inevitable que se generen grupos de infectados entre ellos y sus entrenadores.

En la Alianza para la Seguridad en Eventos (Event Safety Alliance o ESA), de la cual soy vicepresidente, reconocimos estos desafíos operativos porque eso es lo que hacemos y lo que somos. Creamos una de las primeras guías de lineamientos para profesionales de eventos, la "Guía para la reapertura de la Alianza para la Seguridad en Eventos" (en inglés) porque entendimos hasta qué punto este demonio realmente está en los detalles, y correctamente anticipamos que los planes de reapertura estatales y locales serían muy generales e incorporan una adhesión a la ciencia ampliamente variable, frente a otras consideraciones.

Si bien nos focalizamos esencialmente en lineamientos granulares para los miembros de nuestra propia industria, ESA dedicó una sección inicial en su guía al cumplimiento de los clientes. Ya desde principio de mayo, cuando los funcionarios electos comenzaron a levantar las órdenes de quedarse en casa, nosotros vimos la seguridad de los eventos como un desafío de dos partes. Por un lado, los profesionales de eventos necesitaban emplear sus habilidades y recursos operativos para mitigar el inherente riesgo de infección en sus eventos, espacios, y logísticas relacionadas. Pero los clientes podrían hacer estallar los planes mejor concebidos si no cumplían con las tres simples disposiciones que los funcionarios de la salud pública dijeron que todos deben acatar: mantener el distanciamiento social, cubrirse la nariz y la boca para evitar inhalar los gérmenes de alguien infectado, y lavarse las manos con frecuencia y minuciosamente.

Reconocemos que el cumplimiento podría ser un desafío, pero acuñamos una nota optimista. Bajo el título "Cómo cambiar las expectativas", observamos que "en este temprano momento, hay tanta resistencia a cubrirse la cara y al distanciamiento social como lo había a los controles de bolsos y a los magnetómetros en los Estados Unidos después del 11/9. Nos acostumbramos a ellos, y la mayoría de las personas llegaron a aceptar que eran para nuestra propia seguridad. Un cambio cultural es necesario otra vez. El mensaje ampliamente difundido por profesionales de eventos y sedes puede lograr dos propósitos esenciales: (a) los clientes aprenderán que las nuevas reglas son para su protección, lo que finalmente llevará a un mayor cumplimiento; y (b) mostrar de manera transparente que las nuevas prácticas sanitarias convencerán a las personas aprensivas a regresar a los lugares públicos".

Más de un mes después, los primeros resultados de la predisposición de los clientes de cumplir con su parte del trato para la salud y la seguridad no son prometedores. Ahí es donde yace el problema para la reapertura de eventos de entretenimiento y deportivos.

La voluntad de las personas

Hasta ahora, la voluntad de las personas parece inclinarse marcadamente hacia la ignorancia deliberada. Esto no debe sorprender, dadas las acciones de muchos de nuestros funcionarios públicos, que se rehúsan a ser ejemplo de prácticas saludables ellos mismos, y por ende menoscaban los lineamientos para el control de la infección formulados por expertos tales como los Centros de Control y Prevención de Enfermedades. En mayo, por ejemplo, el Comité Nacional Republicano (Republican National Committee) presentó a Carolina del Norte una propuesta para su convención nacional, un plan sin disposiciones para distanciamiento social o uso de tapabocas. Poco después de que ese estado sabiamente rechazara la propuesta, Florida recibió el evento con los brazos abiertos. Semanas siguientes, Florida se convirtió en un punto crítico del país por la cantidad de nuevas infecciones de coronavirus. Como la curva de aprendizaje parece especialmente empinada en el Estado del Sol (Sunshine State), aparentemente, se continuará con la convención de todos modos.

Como sucede con angustiante frecuencia, mi estado natal, Arizona, sirve como cuento aleccionador. Nuestro gobernador, Doug Ducey, inicialmente resistió a la presión de flexibilizar las restricciones estatales por la pandemia cuando extendió la orden inicial de quedarse en casa desde el 30 de abril hasta el 15 de mayo, argumentando lógicamente que un estado que estaba último en las pruebas de detección en la nación no podía alegar de manera creíble que estaba listo para la reapertura. En ese momento, formuló un duro mensaje a los administradores de sedes que violaran las reglas para la salud pública emitidas por su oficina: "Cometerán un delito clase uno, que se sanciona con una multa de US$2,500 y hasta seis meses de cárcel", dijo Ducey públicamente. "Y lo haremos cumplir." En respuesta, algunos de mis vecinos amenazaron con trepar la cerca de nuestra piscina comunitaria cerrada.

Desafortunadamente, cuando nuestro gobernador levantó la orden de quedarse en casa a mediados de mayo, rápidamente desvirtuó su propia directiva de fase 1 al no hacer nada ante las previsibles multitudes que se concentrarían durante el fin de semana largo por el Día de Conmemoración de los Caídos en Old Town Scottsdale, el distrito de mayor entretenimiento de la ciudad. Cuando le mostraron fotos de la piscina repleta de gente y al boxeador Floyd Mayweather rodeado de admiradores en un club, nuestro gobernador se escudó diciendo: "No voy a los clubes de Scottsdale, así que van a tener que preguntarle a alguien que tenga más información sobre esto", dijo al Arizona Republic. La respuesta me recordó la oda del trovador al Valiente Sir Robin de Monty Python and the Holy Grail: "Cuando el peligro acechaba su horrible cabeza/él valientemente se dio la vuelta y huyó"

No hace falta ser adivino para predecir lo que ocurrió luego. La combinación de la reapertura generalizada de ocupaciones de reunión pública y la poca observancia del distanciamiento social o del uso de tapabocas ha llevado a un agudo incremento en la cantidad de casos de COVID-19 en el estado, entre los que se incluye el cohorte de asistentes a bares de 18 a 24 años, y el consecuente aumento de la cantidad de fallecidos. Los bares y restaurantes están cerrando nuevamente.

Existe aquí una desconexión entre la realidad y la realización en el trabajo que asocio con la actitud de "no en mi patio trasero". Aun mis beligerantes vecinos saben que casi 130,000 estadounidenses, al momento de escribir este artículo, ya han muerto por coronavirus este año. No son tontos—simplemente no quieren pensar que tiene algo que ver con ellos. Se sienten tan intocables como adolescentes, y hay montones de personas como ellos. Durante una llamada grupal en la que participé recientemente, el organizador de un evento en un estado rural informó que estaba dispuesto a vender tantos asientos de admisión general como personas que estuvieran deseosas de adquirirlos. Cuando se le consultó por qué estarían dispuestas a arriesgar su salud de semejante manera, riendo describió la sección de admisión generales como una zona de hartazgo.

El sombrío escenario de Arizona se está manifestando en otros estados del Sun Belt que abrieron tempranamente y de manera generalizada, fomentado por dirigentes que expresamente desvirtuaron sus propias directivas de salud pública. Cada fracaso y retracción de las sedes más pequeñas a las que se les permitió la reapertura en la fase 1 retrasan aún más el momento en que los eventos en vivo—considerados aquellos con mayores dificultades para llevarse a cabo de manera segura—tendrán que esperar su turno. El tiempo es dinero.

Y en noticias más esperanzadoras

Tan frustrante como encuentro la actitud de los "no en mi patio trasero" entre nosotros, me siento alentado por el claro pragmatismo de profesionales como los organizadores de Road Rave. Pero los festivales EDM con ingreso de autos no son los únicos eventos de admisión general que tienen la oportunidad de reabrir de manera segura. Fui recientemente contactado por la representante de una importante exposición de automóviles, quien se sorprendió al ver con cuanta firmeza apoyaba sus expectativas de celebrar la exposición este otoño. Le expliqué que para un evento de entrada general en un espacio interior, ella tenía, sin embargo, muchas ventajas que otros eventos no tenían.

La siguiente ventaja frente a un lugar exterior es un edificio con mucho flujo de aire y un buen sistema HVAC, que caracteriza a los grandes salones de convenciones en los que se llevan a cabo la mayoría de las exposiciones de automóviles. El piso de la exposición puede ser configurado como uno quiera, de manera que anchas pasarelas para peatones pueden estar diseñadas para un recorrido direccional, a fin de maximizar el distanciamiento social. Debido a que no hay una única atracción principal, la multitud se moviliza y dispersa, lo que tiende a minimizar la probabilidad de que alguien inhale los gérmenes de otra persona. En resumen, el distanciamiento social es ya parte del armado de una exposición de automóviles. Ella podría reducir aún más las posibilidades de infección instando a los clientes al uso de tapabocas. Si el peligro del COVID-19 está condicionado por la densidad de gente respirando una sobre otra en un espacio confinado, y no en la cantidad de personas, ¿por qué no debería ella llevar a cabo su muestra? Los eventos con distanciamiento social incorporado pueden reabrir, y creo que deberían hacerlo.

Puedo ofrecer el mismo alentador análisis a administradores de otros lugares de habitual baja densidad de personas, como museos y acuarios. Estas instalaciones tienen todas las ventajas que están ausentes en los clubes de Old Town Scottsdale y otros espacios para eventos concurridos donde las personas están paradas una al lado de la otra sin moverse. Los notables artistas y organizadores de grandes eventos que se corresponden con la descripción de Old Town ya han tirado la toalla para 2020. "En procura de prevenir la propagación del virus, muchos conciertos, festivales, rodajes de cine y televisión, y otros eventos han sido cancelados, reprogramados o modificados", informó la revista recreativa online Vulture en junio. "Ningún influencer de Instagram hará un viaje a Love Island este año, ya que ITV canceló la temporada de verano 2020. Las tan esperadas giras—entre las que se incluyen Taylor Swift’s Lover Fest, Harry Styles’s Love on Tour, y todas las presentaciones 2020 de Billie Eilish’s—están siendo suspendidas. Y los Juegos Olímpicos de Verano fueron cancelados por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial."

Mientras tanto, entre el momento en que yo completo este artículo y el momento en que usted lo lee, los deportes profesionales pueden haberse reanudado. Confieso que no entiendo cómo esto podrá ser sustentable sin la misma suspensión de descreimiento que ha permitido a tantos estados reabrir, a pesar de las crecientes tasas de infección y muertes. El fundamento del manejo de riesgos es que mientras tenemos la libertad de esperar lo mejor, también planificamos mitigar los riesgos razonablemente previsibles. Para citar mi frase favorita de Hunter S. Thompson, "Clama a Dios, pero rema alejándote de las rocas".

Continuaré abogando los festivales de música electrónica dance con ingreso de automóviles y las exposiciones de autos, muestras en museos y acuarios con distanciamiento social, y eventos de una viabilidad similar. Entiendo por qué pueden reabrir de manera razonablemente segura en estas circunstancias. Respecto a los deportes y otros grandes eventos, me adhiero a los demás con esperanzas de lo mejor.

STEVEN A. ADELMAN es director de Adelman Law Group, PLLC de Scottsdale, Arizona, y vicepresidente de la Alianza para la Seguridad en Eventos. Su práctica del derecho se centra en manejo de riesgos, seguridad general y seguridad física en eventos deportivos y de entretenimiento, y actúa como perito en demandas judiciales relacionadas con eventos en vivo. Es profesor del programa de Derecho deportivo y Negocios de la Universidad del Estado de Arizona, y es el autor principal de la "Guía para la reapertura de la Alianza para la Seguridad en Eventos" y de la nueva norma de ANSI sobre manejo de multitudes. Crea los blogs y videos de "Adelman on Venues" y aparece frecuentemente en medios nacionales y locales.